¿Quién es Roberto Fabeiro?

Nunca elegí hacer deporte, al final fue el deporte quien me eligió a mí.

Obviando la primera etapa de mi vida hasta los 18 años, si dijera que he sido un fantástico deportista durante mis 38 años, que siempre he cuidado mi alimentación, que me he cuidado cada día de mi vida, y que no he bebido salvo que tuviera sed y nunca más allá del ansia, sería faltarme a mí y a ti.

Quizás por todo eso y porque de repente un día noté que aparentaba más edad y cansancio que los de mi propia edad, hace ya 6 años decidí que aquello tenía que cambiar… y empecé a correr.

De aquella época, lo primero que recuerdo fue la primera vez que salí a lo que yo llamaba “correr” (ahora sé que fue de todo menos eso). Volví extasiado, morado casi (y sin “casi”) y las zapatillas Nike de caucho y cuero que llevaba me dejaron los pies ensangrentados y llenos de ampollas.

Por fin había cubierto mis primeros 10 minutos de carrera y 1600 metros, ¡¡¡OLE!! Y yo… estaba contento.

Tanto fue el daño que me hicieron esas Nike asesinas que hasta dos fines de semana después no volví a salir… pero esta vez llovía suavemente.”¡Mejor, menos calor!” – pensé – y volví a pelearme con mi respiración, mi corazón, mis rodillas, la planta de mis pies, mis agujetas y, de nuevo, mis ampollas. No pude completar ni lo que hice en mi primer intento y allí, cabizbajo, decaído, mientras volvía a casa bajo la lluvia, pensé en el daño que le había hecho durante tantos años a mi cuerpo. Fue entonces, más por cabezonería que por salud, que decidí mejorar mi vida, aquello no podía seguir así.

Fue una época extraña para mí. Después de mi experiencia de corredor, tan mal me fue y fue tal el descojone que produje al contárselo a mis más íntimos, que lo oculté durante muuuchos años. Tampoco había gran cosa que contar: trotaba un diita a la semana, otro en fin de semana, y poco a poco fui mejorando hasta hacer 35 o 40 minutitos tres días por semana mientras mis pies se endurecían para aguantar las zapatillas. Con esto y una alimentación un poquito más equilibrada, digamos que me encontraba, respiraba y dormía mejor. En definitiva… era más feliz.

Poco a poco me fui metiendo en el mundillo del correr, más conocido ahora como “running“, y de manera autodidacta fui dejando atrás ampollas, camisetas de algodón empapadas, rozaduras, torceduras, lesiones por sobrepeso, contracturas, sobrecargas, malas posturas, deshidratación, etc.

Y de ahí llegué, por casualidades del destino, a plantearme correr el maratón de Nueva York (‘New York City Marathon‘) con un fin benéfico. Desgraciadamente, no se pudo correr por el Huracan Sandy y demás, pero esa es otra historia. Desde Octubre de 2011 que me involucré en el proyecto “Corremos por tus sueños” (NY2012) hasta la fecha, he ido evolucionando como freak de correr.

Bajaba de peso, mejoraba los tiempos, me lesionaba menos, me informaba sobre entrenamientos, materiales, alimentación y nuevos deportes y sistemas de entrenamiento que han ido mejorando mi forma física y sobre todo mi capacidad mental. En definitiva, mejorando mi calidad de vida.

Estos cambios en mi vida que yo he notado poco a poco no han pasado desapercibidos, primero para mi entorno cercano y, después, para amigos y conocidos más alejados, hasta que así, por casualidad, personas que en su vida habían realizado deporte marcaban mi número para que les echara una mano y les entrenara, y así es cómo decidí formarme y dedicarme a transmitir mis conocimientos y experiencia de corredor y deportista popular para convertirme en entrenador profesional de calidad de vida, con el objetivo de compartir la felicidad y el estado de ánimo que yo he sentido cuando le dedico a mi cuerpo y a mi mente el deporte que él necesita.

Lo que aprendamos juntos quedará en ti de por vida.